viernes 16 de octubre de 2009

ANIMAL COLLECTIVE "MERRIWEATHER POST PAVILION (Domino)



Lo cierto es que, hablando mal y pronto, hay que tener 2 huevos bien gordos para sacar un disco como Merriweather Post Pavilion, además de padecer varias enfermedades mentales reconocidas, claro.
Ya estarás harto de escuchar que lo suyo es pop gamberro, que le debe mucho a Brian Wilson y a la neopsicodelia y bla bla bla. ¡Qué más da lo que hagan! ¡Este disco es la bomba!

Animal Collective consiguen aunar las mayores virtudes de Strawberry Jam (Domino, 2007) y el Person Pitch (Paw Tracks, 2007) de Panda Bear (proyecto de Noah Lennox en slitario), mezclarlas con gracia y salero, sin dejar de lado la experimentación sonora, dándole especial importancia a las bases electrónicas y, por si fuera poco, edulcorando el resultado con algo e azúcar para que al final topemos con su obra más accesible y magna.

Se me llena la boca al hablar de cuatro de sus canciones, sin duda lo mejor que va a parir este 2009. Hablo de “In The Flowers”, con un inicio increíble, un estribillo casi insuperable y adictivo. Digo casi insuperable porque “My Girls” la supera para marcarse un soberano 10 bien redondo. 2 singles estratosféricos, rematados “Daily Routine” y un final de infarto, salvaje, desenfadado, original, selvático… discúlpenme, pero tengo que limpiarme la baba cada vez que hablo de “BrotherSport”. ¿Y el resto? Pues sí, mantiene el tipo, sin bajones reseñables. ¿Y la pega dónde está entonces? Pues en el hecho de que por mucho que se hayan abierto más al público, su propuesta sigo siendo exigente, requiriendo muuuuucha paciencia del oyente, debido a sus ambientes recargados, la incomodidad rítmica de muchas de sus canciones y la absoluta falta de ganas por contentar al oyente menos exigente.

Total, uno de los discos lisérgicos del año, que te dejará la cabeza como un bombo y con la sensación de que tus oídos se están montado una juerga de mucho cuidado. Fiestaaaaaaaaaaaa!

Posdata: premio gordo para la portada.

LO MEJOR: Al menos, 3 singles para la historia.

LO PEOR: Que se les va la cabeza demasiado a estos tipejos.

LA CANCIÓN: "My Girls"

miércoles 14 de octubre de 2009

ANTONY AND THE JOHNSONS "THE CRYING LIGHT" (Secretly Canadian)



Tiempo hace que servidor no abordaba nuevamente este blog. Ya estamos en el último trimestre del año y debido a unos meses sabáticos tengo mucho trabajo acumulado, así que no perderé el tiempo y me centraré en incluir las reseñas de los discos más interesantes, para bien o para mal, que servidor esquimal ha descubierto en lo que llevamos de 2009.

Quizá el primer bombazo del año lo dio el nuevo trabajo de Antony Hegarty, que ya iba siendo hora de que publicara un nuevo trabajo y se dejara de tanta colaboración.

Y es que con tanto Antony por aquí y por allá (parece que un grupo no era cool si no le convencían para que pusiese su voz en alguna canción), empezaba a temerme que a este frágil geniecillo de cálida voz se le habían ido un poco las ideas. Pues no, The Crying Light no decepciona y mantiene el listón muy alto.

Antony no ha optado precisamente por un disco fácil. Las 10 canciones que componen este The Crying Light parecen ser una transposición melódica a las emociones mismas que el genio del Butoh, Kazuo Ohno (inmortalizado en la portada del disco), consigue transmitir con sus representaciones artísticas. "Her eyes are underneath the ground" es una muestra clara de esta mesura contenida pero sin rechazar por ello la fuerza dramática de la voz y las letras de este compositor de sensibilidad infinita. Los arreglos son sutiles de piano y cuerdas son sutiles, huyen de los convencionalismos, más demuestran una profundidad melódica que a día de hoy pocos pueden alcanzar. Así, las pequeñas joyas se suceden, casi derramándose. La mencionada "Her eyes are underneath the ground", "Epilepsy is dancing", "One Dove" (absolutamente genial), la crudeza de "Another World", golpeando tu alma como pocas canciones lo harán este año, o el épico final de "Evergrade", son una muestra de que Antony es un compositor único, irrepetible, maravilloso. Curiosamente lo que casi siempre son virtudes en esta obra alguna que otra vez se convierten en defecto. Así, cortes como "The crying Light" o "Dust and Water" adolecen de ser demasiado autistas e introspectivas, con un Antony embarcado en experimentos vocales quizá no tan acertados y que emborronan levemente el resultado final.

En resumen, debería castigarme sin salir varios meses por haber dudado de este disco. ¡Hombre de poca fe!




lunes 5 de enero de 2009

ESQUIMALES FAVORITOS 2008 (DEL 1 AL 11)



01. PORTISHEAD “THIRD” (Island)


Third es la victoria sobre el Tiempo, sobre el Mito, sobre el Sonido, sobre la Leyenda.
Podrían haber sucumbido al miedo y haber optado por la vía fácil, regalarnos nuestros oídos, obsequiarnos con una muestra de Trip hop con clase y haber cubierto el expediente. Pero este trío de genios tiene clase, talento y honestidad.

Tras 11 años de oscuridad, Third sale a la luz para vergüenza de todos los que no creyeron en ellos, para sonrojar al panorama musical actual. Una obra hiriente y arrebatadora, prácticamente perfecta, que hace renacer a Portishead de sus cenizas y encumbrarlos a lo más alto, no solo del 2008, sino de la década.

Y lo hacen con un más difícil todavía, con una obra que sofocante y angustiosa, de barroquismo extralimitado. Un salto sin red al vacío, sólo porque sí. Por amor a la música.

Third es una bendición.





02. BON IVER “FOR EMMA, FOREVER AGO” (4AD)


La gran sorpresa del año.

Ya sé que no se le debe desear el mal a nadie, pero parece que las calamidades inspiran a Justin Vernon, cabeza pensante de Bon Iver.

Su novia lo deja, su grupo se disuelve y él se recluye en la casa de campo de sus padres. Allí decide desprenderse de sus demonios junto a la al fuego de la chimenea, resistiendo al duro invierno en compañía de la soledad y su guitarra. El resultado es For Emma, Forever Ago, una de las más impresionantes muestras de desnudez emocional del último lustro. Las canciones duelen, son un ejercicio de expiación, de reflexión y de nostalgia.

¿Has amado alguna vez? ¿Has sufrido por amar? Vernon cicatriza sus heridas con sal. Folk catártico.
Sé que desear el mal al prójimo es un pecado grave, pero a Justin Vernon se inspira el dolor. ¿Habrá algún Ipod en el infierno?





03. FENNESZ “BLACK SEA” (Touch)


Tras 4 años buscando un camino para llegar al mar, Fennesz se da de bruces con la profundidad del mar Negro.

Black Sea, es la obra más personal y reflexiva de Fennesz. No inventa nada nuevo, no sorprende al oyente ni se adentra en la vanguardia electrónica como nos tenía acostumbrado en otras obras. Es una pequeña anomalía.
Sí, hay loops, pequeñas maquinas ruidosas y mucha distorsión y, sin embargo, casi diría que se trata de una obra de cantautor. Fennesz desnuda su alma, dando una importancia vital a un instrumento puro como es la guitarra, dejándose llevar por la marea, sintiendo, saboreando cada instante, con cada acorde. Un ejercicio supremo de plasmación paisajística. Nunca estaremos más cerca del mar que al escuchar “Black sea”.

Folk congelado. Más frio que el propio invierno.




04. FLEET FOXES “FLEET FOXES” (Bella Union)


Sin duda el grupo revelación de 2008, el conjunto de Seattle se arranca con un debut maravilloso de folk con mucho sabor añejo americano.

En este disco hay mucho de Crosby, Still, nash & Young, Dylan o Simon & garfunkel, entre coros celestiales y folk del medievo (la ilustración desorienta pero clava las pretensiones del grupo), todo aderezado con un buen chorreón de psicodelia sesentera. Una delicatesen, vamos.

Difícil encontrar este año canciones que efluyan el halo de magia de cortes como “White Winter Hymnal” y “Quiet Houses”, el seudo western de “Your Protector” o “Blue Ridge Mountains”; eso sin contar “Mykonos” y “English House”, otras dos perlas pertenecientes al EP Sun Giant (Bella Union, 2008).

Podemos estar presenciando el nacimiento de algo grande. Habrá que seguirlos muy de cerca.





05. TV ON THE RADIO “DEAR SCIENCE” (4AD)


Tv on The Radio se destaca como una de las mejores bandas del momento. En su “difícil” tercer disco, David Sitek y compañía igualan, e incluso mejoran por momentos, lo ofrecido en sus dos anteriores propuestas a base de una exhibición de pura imaginación, donde apuestan por el pop, el funk, hip hop y el soul en su máxima expresión.

Hay quedan esos hits “casi” inmediatos que son “Halfway Home”, “Dancing Choose” y “Golden Age”, son pequeñas descargas eléctricas directas a tu sistema nervioso. Pero si hay algo que hace grande a este disco es la sensacional cara B con “Love Dog”, “Shout Me Out” y “Dlz”, para terminar con la marcha festival de “Lover’s Day".

Dear Science no solo es muy bueno, sino que además es divertido y destila ritmo por los cuatro costados. Y lo mejor es la sensación de que aún pueden dar más.





06. JÓHANN JÓHANNSSON “FORDLÂNDIA” (4AD)


En el año en que Max Richter, Matthew R. Cooper (Eluvium) o Helios se han echado a dormir, Jóhann Jóhannsson ha decidido dar un golpe de autoridad en la mesa y sacar el mejor álbum de su carrera.

Fordlandia, segundo álbum de una trilogía basada en la utilización de marcas tecnológicas iconográficas americanas, consigue llegar donde IBM 1401, A User’s Manual (4AD, 2006) no pudo: la conjunción perfecta entre el clasicismo orquestal y el ambient, pero evitando el extremismo autista de sus dos primeras obras. Ahora es más listo, mejor compositor, con un talento desbordante que alcanza su máximo exponente en corte homónimo inicial “Fordlandia” y “How We Left Fordlandia”, probablemente las mejores canciones de 2008.

Fordlandia es una banda sonora imaginaría perfecta, un viaje a vista de pájaro por paisajes desolados.





07. DEERHUNTER “MICROCASTLE” (4 AD)


Ha querido Bradford Cox aunar en Microcastle todo el atractivo que tenía Cryptograms (Kranky, 2007), los méritos del EP Fluorescent Grey (Kranky, 2007) y el potencial que intuíamos con su proyecto Altas Sound.

El resultado es una obra de rock inteligente que rehúye de todo lo vulgar que el Shoegazing
puede ofrecer y que nos hace recobrar las esperanzas en un estilo hundido por obra y mérito de grupos mediocres. Microcastle es pop vivo, vehemente, épico. Pese a la tendencia a la divagación que Cox, que no hace sino enturbiar el resultado global de la obra, atesora en él más momentos memorables que el 80 % de los álbumes de 2008: “Agoraphobia”, “Never Stops”, "Little Skids”, “Nothing Ever Happened”...

Cox nos ha hecho recordar cuan buenos eran los tiempos en los que bandas como My Bloody Valentine o Spacemen 3 eran las mejores. Un pelotazo.





08. SHEARWATER “ROOK” (Matador)


Jonathan Meiburg, miembro cofundador de Okkervil River, es el responsable de firmar uno de los discos más bellos del año a los mandos de su proyecto personal Shearwater.

A medio camino entre Micah P. Hinson y Mark Hollis, Rook atrapa al oyente en su telaraña hiriente, gracias a miniaturas folk de una belleza desorbitada. Meirburg demuestra su absoluta admiración por el ex líder del Talk Talk en cortes como “I Was a Cloud” y “Home Life”, cuando no se adentra en sonidos medievales (“Leviathan Bound”), nos agasaja con uno de los temas pop más bellos de la temporada (“Rooks”) o incluso se atreve con su propia visión del “Pyramid Song” de Radiohead en ese tributo encubierto que es “The Snow Leopard”.

No se puede pedir más. Shearwater son peligrosamente adictivos.
¡Sorpresón!





09. SIGUR ROS - MEA SUA I EYRUM VIA SPILUM END (EMI)


El grupo islandés suaviza su discurso y se pasa al lado más bello de la vida, a base de edulcorar melodías y evitar los excesos guitarreros.

Para ello eligen al productor Flood (U2, PJ Harvey o Goldfrapp) quien parece haberlos asesorado muy bien a la hora de fabricar algunos de los temas más asequibles que hayan dado nunca, como “Inní mér syngur vitleysingur” o “Við spilum endalaust”.
El resultado es por momentos desconcertante: capaces de provocar el aburrimiento más supino por vía de “Illgresi” o “All Alright”, o arrancarse con momentos tan apasionantes como “Gobbledigook” (ritmos tribales cercanísimos a Animal Collective), ese aria clásica que es “Ára bátur” o el glorioso clímax que es “Festival”.

Han bajado el listón, sí, pero siguen siendo muy buenos.





10. NICK CAVE AND THE BAD SEEDS - DIG LAZARUS DIG (Mute)


Nick Cave es probablemente lo mejor que ha dado el continente australiano junto con los koalas. Pasan los años, se suceden las listas de los mejores discos del año y él siempre está ahí.

Si el año pasado sorprendía a todos con un proyecto paralelo y ese look a lo Wyatt Earp, ahora vuelve en compañía de las malas semillas para darlos una nueva porción de rock sudoroso y gamberro.

Dig Lazarus Dig!!! es un disco sin fisuras, que pule, matiza y a veces mejora los logros de Grindermen. Para el recuerdo esos maremotos de teclados y guitarras de “Today´s Lesson” y “We Call Upon The Autor”, o ese baladón marca de la casa que es “Hold On to Yourself”.
Nick Cave ha abandonado su rol de crooner, ha decidido dejar de acariciar las teclas de su piano y ahora empuña su guitarra con rabia, retando en duelo a quien se ponga por delante.

Incombustible, pese a sus 51 añitos del ala.


sábado 3 de enero de 2009

ESQUIMALES FAVORITOS 2008 (DEL 11 AL 20)

11. DEATH CAB FOR CUTIE "NARROW STAIRS"


Sí, sé que es un recurso torpe y recurrente, pero podríamos decir que DCFC han sacado su “Kid A” particular. Tras el regusto amargo que nos dejó aquel Plans, posiblemente hartos de que la gente pensara que eran sólo un grupo de pop meloso, han conseguido desquitarse pariendo una obra poliédrica, impactante y experimental.

No llegan a la altura de Transatlanticism (2003), pero Narrow Stairs consigue cotas muy altas en gran parte gracias a temas tan redondos como “I Will Possess Your Heart”, “No Sunlight” o la fuerza rockera de Your New Twin Size Bed”.

Al fin y al cabo, que DCFC acaben electronizándo y distorsionando su discurso sí parece un paso lógico en la evolución del grupo, en contra de la preocupante tendencia a pop más convencional. Sin duda hemos recobrado la confianza en ellos.




12. MOGWAI “THE HAWK IS HOWLING”


Mogwai han pasado de moda, al igual que el post-rock. Por eso para esta nueva obra los escoceses ya ni siquiera se molestan en cambiar la estructura conceptual del álbum, ese modus operandi que marcaran allá por 2001 con el reverenciado Rock Action (Pias, 2001).

Uno sabe desde el primer minuto como va a ir desarrolandose el disco: serán 10 cortes… con crescendo inicial… final épico… ¿Inmovilistas? Puede, pero también es cierto que The Hawk is Howling conjuga en una hora casi todos los logros de sus antecesores. La fuerza de los teclados en “I´m Jim Morrison I´m Dead”, la ira de “batcat”, ese laberinto jazz que es “I Love You, I´m Going to Blow” o el fiero epílogo final con “The Precipice”.

Puede que ya no sean modernos o puede que los tachen de repetitivos. Da igual. Mientras saquen discos tan sólidos como éste pueden decirles lo que quieran.





13. SUN KIL MOON “APRIL”

El segundo álbum de Mark Kozelek con Sun Kil Moon es otra excelente joya de rock descelerado y meláncolico marca de la casa. No hay demasiada diferencia entre lo que April nos ofrece y lo que podríamos encontrar en su etapa al frente de Red House Painters y eso es ya una gran noticia.

Siguen los desarrollos instrumentales ricos en detalles, aunque excesivamente largos (a veces terminan por resultar anodinos, es cierto), los versos plañideros, el slowcore de academia y, ante todo, las grandes canciones.

“Lost Verses” suena a clásico instantáneo, sobre todo gracias a su magnifico epílogo final, la guitarra acústica de “Lucky man” se adhiere a tu mente como una droga fatal.

Además April nos regala algunas sorpresas, como la colaboración de Will Oldham en dos cortes. ¿Quién da más?






14. PETER BRODERICK “FLOAT”


Este joven de Porland, residente en Dinamarca y violinista del grupo Efterklang, ha sorprendido a propios y extraños editando dos obras de gran calado este año: Home y Float, la que nos ocupa.

Si en la primera nos propone pequeñas miniaturas de folk agreste, en el segundo asume su rol multiinstrumentista, para crear una pequeña sinfonía paisajística de hondo calado emocional.

Broderick demuestra ser un excelente pianista, además de violinista. Sus canciones duelen (“A Glacier”) y emocionan (“Another Glacier”). Se nota la influencia de su estancia europea en algunos cortes, como “A Snowflake” donde la mandolina desprender un aroma balcánico adorable.

Gente como él y Owen Pallet están destinadas a cambiar el mundo. Cualidades tienen.







15. JAMES BLACKSHAW “LITANY OF ECHOES”


Juventud, virtuosismo e intensidad. James Blackshaw lo tiene todo para triunfar. Capaz de crear con su guitarra de 12 cuerdas atmósferas minimalistas dignas de los más grandes en este campo (Mertens, Nyman, Reich…), Blackshaw es una brisa de aire fresco dentro del panorama folk.

“Gate of Ivory” y “Gate of Horn”, enmarcan entre bucles superpuestos de pianos, 4 pequeñas joyas de folk inquieto e instrospectivo. Este chico de tan solo 21años tiene un gusto exquisito para construir melodías inolvidables, capaces de ponerte la piel de gallina. El crescendo final de “Past Has Not Passed” es buena prueba de ello.

¿Folk contemporánea? ¿New Age? ¿Hece falta ponerle etiquetas a tanta belleza?







16. ELBOW “THE SELDOM SEEN KID”


Si hay algo que ha caracterizado a la barda británica liderada por Guy Garvey desde su debut de 2001, son la coherencia y el buen gusto. La capacidad de la banda para firmar baladas intimistas es innegable. No hay duda que el motor de Elbow rinde mucho mejor a revoluciones lentas, entre estribillos atercipelados que entre los acelerones pop del mainstream británico.

En ese sentido The Seldom Seen Kid consigue un equilibrio entre estas dos facetas que no se repetía desde aquel Asleep in The back (V2, 2001), por el momento su obra cumbre. Este año han sido galardonados con el Mercury prize. Esperemos que no se les suba mucho el premio a la cabeza. Si algo no necesitan el que el aplauso fácil se les suba a la cabeza. Si no, miren cómo ha acabado Bono.






17. WOLF PARADE “AT MOUNT ZOOMER”


Difícil segundo álbum de Wolf Parade, tras el excelente Apologies to Queen Mary (Sub Pop, 2005).

Los canadienses convierten cada minuto de At Mount Zoomer en un continuo tour de force donde cada estribillo y cada melodía coquetea peligrosamente entre lo irritante y la brillantez. Estamos ante el disco “difícil” del año, capaz de arrancar aplausos como gestos de irritación constantes.

Choca que hayan sacrificado la frescura de su debut en pro de una mayor elaboración musical, pero cuando escuchas temas como “California Dreamer” y “Fine Young Cannibals” sientes que todo ha valido la pena.


Wolf Parade a firmado una obra desbordante, con todo lo que eso pueda conllevar.




18. MY MORNING JACKET “EVIL URGES”


De acuerdo, Evil Urges no es Z (ATO, 2005). ¿Y qué? Contiene suficientes canciones como para creer que hay futuro para la banda de más allá del disco que los catapultó de manera irrevocable al Olimpo de las mejores bandas americanas del momento.

Como digo, el problema de este álbum no son las canciones, sino el exceso de ellas. La necesidad constante de sorprender a cada corte y de tocar tantos palos desvirtúan un trabajo notable, que recuerda en sus logros y fracasos al Sky Blue Sky (Nonesuch, 2007) de Wilco.
Pese a sus defectos (cierto tufillo inquietante de AOR) la balanza se inclina claramente a favor de esta gran banda, gracias a un disco conceptual donde tiene cabida el soul ("Thank You Too"), folk ("The Librarian"), funk ("Highly Suspicious"), disco pop ("Good Intentions"), hasta rematar la hazaña con una de las cotas más altas del grupo con "Look at You".





19. PONY BRAVO “SI BAJO DE ESPALDAS NO ME DA MIEDO Y OTRAS HISTORIAS”

El secreto mejor guardado del rock nacional se esconde entre las estrechas calles del centro de Sevilla. El debut de Pony Bravo, grupo nacido de las cenizas de Reno Child, es probablemente uno de los más originales que han surgido en el panorama nacional desde los de Manta Ray o Sr. Chinarro.

Sobre una propuesta marciana donde tienen cabida en rock lisérgico de los 60s, el folklore coplero andaluz, el western almeriense, algo de reggae descarado y mucha pose punky se alza la inmesa voz de Daniel Alonso, un Jim Morrison moderno, firmando algunos de los versos más descarados del año.
Lo siento Antonio Luque, pero este año has perdido. Ha nacido un caballo desvocado.






20. VAMPIRE WEEKEND “VAMPIRE WEEKEND”

Estamos ante el disco hype de la temporada, el bastión indie de 2008.

La fórmula es sencilla, original y oportunista: pop alegre, teclados retros, ritmos desenfadados, letras directas y un poco de mestizaje africano por aquí y por allá. Y es precisamente todo esto lo que convierte a la banda newyorkina en una de las poquitas bandas que parecen oxigenar un año saturado de mediocridad. No ocultan sus influencias (Peter Gabriel, Paul Simon, Talking Heads) y eso les honra. Y por si fuera poco nos obsequian con un puñado de canciones de esas que no sabes muy bien por qué pero no puedes parar de tararear mientras agitas tus miembros al son de su ritmo.

Escuchen “M79”, “Cape Cod Kwassa Kwassa” o “Walcott” y si no les enamoran es que están secos por dentro.



viernes 28 de noviembre de 2008

FENNESZ "Black Sea" (Touch)



Hoy he vuelto a recordar días ya vividos.
Hoy he vuelto a recordar paisajes ya olvidados.
Vuelvo a sentir besos ahora resecos y escuchar suspiros abandonados.
Y todo ello en una péqueña fracción de mi vida, en un modesto segmento de las horas que paso olvidándome, desperdiciando aquello que soy y aquello que quería ser.

Hay días en los que aprendo a sentirme vivo… hay días en los que diez fugaces minutos me recuerdan por qué amo tanto la música.

No hay día en que no me arrepienta de haberme olvidado de asistir a impresionante (o eso dicen, yo ni me quiero enterar) concierto que el austriaco Fennesz dio en mi ciudad. Simplemente se me olvidó, como se te olvidan tantas cosas cada día que no son importantes nunca, excepto si las recuerdas.

Unos meses después Fennesz publica su cuarto álbum de estudio, sucesor del impresionante Venice (touch, 2004), para alimentar más si cabe mi cargo de conciencia ante tal estúpida torpeza. Nunca me lo perdonaré.

Black Sea, mar negro. Observo absorto su portada mientras me adentro en los gloriosos diez minutos del primer corte que bautiza al disco y pienso “te odio, ¿por qué me haces esto?” mientras escucho como el crepitar de cada impulso electrónico que suena a mi alrededor me envuelve y me ahoga, como el mar de tonos grises que antes observaba y en el que ahora me sumerjo sin remedio. La música de fennesz es grisácea, hiriente, rebelde, poderosa, ensoñadora… mágica.

Cuando escucho cualquiera de sus cortes, no paro de reprocharme por qué no se me ha ocurrido esto a mí antes, por qué es otro quien firma una música que sale más dentro de mí que cualquiera que haya soñado yo. Fennesz es un compositor sobrenatural, un vidente emocional.

Black Sea, es la obra más personal y reflexiva de Fennesz. No inventa nada nuevo, no sorprende al oyente ni se adentra en la vanguardia electrónica como nos tenía acostumbrado en obras anteriores. Es una pequeña anomalía.
Sí, hay loops, pequeñas maquinas ruidosas y mucha distorsión y, sin embargo, casi diría que es una obra de cantautor, folk congelado.

Navegando por la web ya he leído quien se arriesga a catalogar este trabajo de obra menor.
Quién sabe, puede que tengan razón.
Por si acaso cuídense…el mar nos acecha.

LO MEJOR: Viajar por el mar.
LO PEOR: Perderme aquel concierto.

jueves 17 de abril de 2008

MIKE OLDFIELD "MUSIC OF THE SPHERES" (Universal)


Empezaré fuerte la crítica: Music of the Spheres es el mejor disco del británico en los últimos 14 años. Sin duda una afirmación como esta, aplicada a cualquier otro compositor de la talla del músico de Reading resultaría ser un gran piropo por mi parte, pero cuando observamos los últimos años de la carrera de Mike Oldfield, no lo resulta tanto.
Desde que en 1992 Oldfield abandonase Virgin para firmar por WEA y lanzar el ansiado Tubular Bells II, la carrera del británico no da pié con bola. The Songs of Distant Earth (WEA, 1994) aún mantenía el tipo, pero luego llegaron el soporífero Voyager (WEA, 1996) - etapa ibicenca -, el indigno e innecesario Tubular Bells III (WEA, 1998) y los desastrosos Guitars y Millenium Bell (WEA, 1999) - este último realmente horrible- , así como las ridículas incursiones en el mundo chill out de la mano de 3 Lunas (WEA, 2002) o Light & Shade (Mercury, 2005). Con semejante curriculum no es de estrañar que Music of The Spheres, por muy vulgar que pueda llegar a ser, se erija por encima de sus antecesores.

Dicho esto, y antendiendo exclusivamente a esta obra, hay que empezar comentando que el Sr. Oldfield sigue sin aprender de los errores.
MOTS se promociona como la primera obra sinfónica del autor, aunque Oldfield ya coqueteara abiertamente con el mundo clásico en otras obras anteriores, tales como Orchestral Tubular Bells (Virgin, 1975), Incantations (Virgin, 1978), o el 50 % de la bBSO de Killing Fields (Virgin, 1984).

Con la ayuda de Karl Jenkins (miembro de la banda Soft Machine en su época de vacas flacas y creador de Adiemus) en los mandos de la nave y las colaboraciones de la vocalista neozelandesa Hayley Westenra y el pianista Lang Lang (dicen de él que es de los mejores del mundo), MOTS alude una antigua teoría físico-filofófica que defendía que los cuerpos celestes, al trasladarse en el espacio, emitían sonidos, a los que se refirieron como la Musica universalis y bla bla bla.
Mucho ruido y pocas nueces. MOTS podría haberse titulado tambíen Tubular Bells 4 y el Sr. Oldield se habría quedado tan ancho; nos habríamos ahorrado tanto marketing conceptual.
Al menos un 35% del álbum alude, copia, imita o homenajea (ejem) a la, antes genial ahora maldita, obra de 1973.
Temas como Harbinger, Tempest, Harbinger reprise, Armonía Mundi y la desastrosa Musica Universalis (un triste aborto de The Bell, sin duda lo peor del album) no hacen más que ahondar en la llaga e incentivar la idea de que Mike Oldfield se ha quedado sin ideas. Afortunadamente el resto del minutaje del disco compensa algo tal desaguisado.
De hecho, podríamos decir que musicalmente hablando MOTS es un disco deliciosamente insipido, como un mal dulce. Navega entre pasajes orquestales azucarados de cuerdas rebosantes de almíbar, que no desentonarían en cualquier película épica de romanticismo de medio pelo, pero que no por ello deja de ser agradable al oyente e incluso atrayente o adictivo. Precisamente en este marco es donde mejor se encuentra el Mike del S.XXI, apareciendo y desapareciendo a su antojo con su guitarra en contados arrebatos onanistas, que rara vez rozan la genialidad (Silhouette) y más a menudo la cursilería. Todo aderezado con una producción recauchutada, esteril, milimétricamente perfecta, muy alejada del místico sonido de las insuperables primeras obras de Oldfield ¿Cuándo aprenderá el Sr. Oldfield que la arruga es bella?
Por si fuera poco Lang Lang se encuentra abandonado en partitulas infantiles de piano y sólo Hayley Westenra se erige triunfado en la arrebatadora cumbre del disco “On My Heart”.

En resumen, la sinfonía de Mike no supera el aprobado raspón por su falta de originalidad y ramplonería compositiva, pero se salva por el buen hacer del guitarrista y algunos pasajes acertados. Pena penita pena.

LO MEJOR: Frena la triste tendencia de discos indignos y abre cierta esperanza gracias a algunos momentos acertados.

LO PEOR: Las alusiones a las campanas tubulares ya no ofenden, ahora irritan.

lunes 17 de marzo de 2008

PORTISHEAD "THIRD" (Mercury/Island)

Mucho hemos tenido que esperar, nada menos que once largos años, para escuchar el nuevo álbum de estudio de una de las bandas más importantes de Trip Hop del planeta.

Ha llovido bastante desde que en 1997, tras publicar su 2º álbum de estudio, abandonaran la primera línea dentro del ámbito musical, aunque de propina nos dejaron aquel inmenso directo en NYC editado un año después. Durante todo ese tiempo hemos tenido la oportunidad de ver como el sonido Bristol pasaba de ser “el no vas más” de la época a acabar asociándose con cansinos recopilatorios del todo a 1 Euro o a música ambiente para anuncios de automóviles. Además la gran mayoría de los Iconos del Trip Hop están desaparecidos, viviendo del cuento o evidenciando graves muestras de gripaje musical (el caso de Tricky es ciertamente sonrojante). Todo este ambiente no hacía sino levantar más aún cierta expectación y escepticismo acerca de tercer trabajo de Portishead, si seguirían el camino descendente de muchos de sus coetáneos o si podrían estar a la altura de lo que se espera para los creadores de unos de los discos más importantes de los 90s: Dummy (Go Beat, 1994).

A medida que se dilataba la publicación del nuevo disco aumentaban las dudas y los rumores (como la leyenda urbana de ese falso “Alien” que nunca perteneció a Portishead y que aún creo que circula por la red”). El propio grupo parecía entorpecer la creación de la obra poniendo el listón tan alto al nuevo sonido de grupo que ellos mismos no parecían encontrar salida a las canciones, lo que provocó que decidiesen regrabar desde cero el nuevo material, para crispación de los fans. Incluso Beth Gibbons se adelantó con la publicación de su notable debut Out of Season (Go Beat, 2002), a medias con Paul Webb, alias “Rustin’ Man” (miembro de Talk Talk).

Al fin, a finales de 2007 y tras reponernos de la bromita de la banda que anunciaba en su Myspace que volvían a borrar lo grabado hasta el momento por “ser una mierda”, la banda anunciaba la finalización del álbum, Third, así como su primera esperada aparición en ATP Festival y una gira mundial.

“No escribimos para vender. Si solo vendemos diez copias, si sabemos que ahí fuera hay diez personas interesadas en lo que hacemos, nosotros seguimos”. Estás palabras de Utley hace 11 años cobran especial relevancia ahora, a medida que el oyente se adentra en la nueva propuesta de Portishead.
Third es una obra arisca, difícil, que no recompensa al oyente durante las primeras escuchas sino que lo hunde en un estado de absoluto desasosiego y decepción. Uno tiene la sensación de encontrarse perdido en un laberinto en una noche cerrada sin salida cercana visible . A pesar del arrebatador inicio con “Silence” y su adictiva percusión tribal, el crescendo orquestal final culminado en un clímax interrumtus no crea sino cierta desorientación, que no hace sino acentuarse más en los siguientes cortes del álbum. Así, llegará “Hunter” y su exasperante languidez retro (cercano al sonido del grupo Broadcast), entre secos acordes de una guitarra acústica junto a pequeñas miniaturas de psicodelia sesentera, que aún se acentuarán más en “Nylon Smile”, de oscurosísimo ritmo casi ritual a cargo de Geoff Barrow y destellos dispersos a la guitarra de Adrian Utley. “The Rip” entra en escena como una balada folk para desembocar luego en terrenos colindantes con el krautrock, rescatando del olvido teclados que no se escuchaban desde las obras de NEU! Los destellos del pasado salen a la luz de forma más evidente en “Plastic”, mucho más cercana al sonido brístol, recuperando el dramatismo lírico que Gibbons desató en Portishead (Go Beat, 1997) y donde las ásperas percusiones se funden con sonidos industriales y destellos electrónicos.

“Deep Water”, una sorprendente balada al banjo que nos transporta al soul de los años 20 sirve de nexo de unión entre los 2 pilares fundamentales del disco: “We Carry On” Y “Machine Gun”. En la primera, un ejercicio musical brillante capaz de cohesionar en el mismo espacio la maquinaria sonora de las grandes bandas de los 60 (Jefferson Airplain, por poner un ejemplo) y las cenizas de Joy división (Utley se reserva una de las cotas del disco con unos solos de guitarra que parecen robados de las sesiones de Closer); mientras que la segunda se adentra en la electrónica minimal más experimental (Nine inch Nails, Autechre o ¡incluso Tangerine Dream!), ofreciendo el corte más autista que haya firmado la banda en toda su carrera (y además es single adelanto, hay que tener mucho valor).

Tras el arrebato incontenido de psicodelia - las influencias a los años sesenta marcan todo el disco- de la que hace gala la exuberante "Small", la sombra de Dummy se vuelve alargada al llegar a la concesión más comercial del álbum con "Magic Doors", como ocurriese antaño con “Glory Box” o “Only You”, aunque no tan acertadamente cercana. El álbum lo cierra “Threads”, otra balada psicotrópica llena de rabia contenida que Gibbons desata en un tan final arrollador al principio como tenebroso al final. No puedo imaginar mejor forma de cerrar un álbum.

En verdad, se nota mucho que tras Third hay un trabajo arduo por parte de una banda inglesa, decidida a alejarse de cualquier convencionalismo del que otros coetáneos han hecho gala en los últimos años. Third es áspero, poliédrico, distante en distancias cortas y sin embargo está dotado de alma propia, de una magia hipnotizante en la que cada una de las canciones son pequeñas piezas de absoluta belleza dentro de un puzzle fascinate. El sonido de Portishead ha mutado, ha renacido desechando gran parte de su legado para abrir caminos paralelos igual de sugerentes. Con una Beth Gibbons estelar, Geoff Barrow inmerso en la densidad de nuevas texturas y Adrian Utley en un contenido y meditadísimo segundo plano, Third se alza como la obra definitiva de Portishead, una bofetada de nueva historia imperecedera dentro de una banda capital, que ha valido la pena esperar.

Apabullante.

LO MEJOR: Que es tan bueno como sus predecesores, si no más.

LO PEOR: Sin falta de gancho inicial. Darse uno cuenta de que ya tenemos el disco del año y no hemos llegado a Abril.