miércoles, 14 de octubre de 2009

ANTONY AND THE JOHNSONS "THE CRYING LIGHT" (Secretly Canadian)



Tiempo hace que servidor no abordaba nuevamente este blog. Ya estamos en el último trimestre del año y debido a unos meses sabáticos tengo mucho trabajo acumulado, así que no perderé el tiempo y me centraré en incluir las reseñas de los discos más interesantes, para bien o para mal, que servidor esquimal ha descubierto en lo que llevamos de 2009.

Quizá el primer bombazo del año lo dio el nuevo trabajo de Antony Hegarty, que ya iba siendo hora de que publicara un nuevo trabajo y se dejara de tanta colaboración.

Y es que con tanto Antony por aquí y por allá (parece que un grupo no era cool si no le convencían para que pusiese su voz en alguna canción), empezaba a temerme que a este frágil geniecillo de cálida voz se le habían ido un poco las ideas. Pues no, The Crying Light no decepciona y mantiene el listón muy alto.

Antony no ha optado precisamente por un disco fácil. Las 10 canciones que componen este The Crying Light parecen ser una transposición melódica a las emociones mismas que el genio del Butoh, Kazuo Ohno (inmortalizado en la portada del disco), consigue transmitir con sus representaciones artísticas. "Her eyes are underneath the ground" es una muestra clara de esta mesura contenida pero sin rechazar por ello la fuerza dramática de la voz y las letras de este compositor de sensibilidad infinita. Los arreglos son sutiles de piano y cuerdas son sutiles, huyen de los convencionalismos, más demuestran una profundidad melódica que a día de hoy pocos pueden alcanzar. Así, las pequeñas joyas se suceden, casi derramándose. La mencionada "Her eyes are underneath the ground", "Epilepsy is dancing", "One Dove" (absolutamente genial), la crudeza de "Another World", golpeando tu alma como pocas canciones lo harán este año, o el épico final de "Evergrade", son una muestra de que Antony es un compositor único, irrepetible, maravilloso. Curiosamente lo que casi siempre son virtudes en esta obra alguna que otra vez se convierten en defecto. Así, cortes como "The crying Light" o "Dust and Water" adolecen de ser demasiado autistas e introspectivas, con un Antony embarcado en experimentos vocales quizá no tan acertados y que emborronan levemente el resultado final.

En resumen, debería castigarme sin salir varios meses por haber dudado de este disco. ¡Hombre de poca fe!